lunes, 5 de agosto de 2013

La pecera no es un buen lugar.

No me gustan los espacios frenéticos, ni el mundo atosigado. Llevo muy mal las noticias de los periódicos y las charlas políticas en la tele. Quito el telediario en cuanto lo veo empezar. No encajo las malas noticias ajenas, ni sé desencajar la realidad lejana de mi vida cotidiana.

Quizá el tráfico enérgico de primera hora, la falta de tiempo para pensar en nada y el aire de ciudad se hayan comido nuestra consciencia a bocanadas para permitirnos vivir. Tal vez la burbuja de espacio vital este llena de humo y semáforos en ámbar.

Si reducimos las emociones a un viajecito de verano y la canción de moda en un bar, a una buena película y un aprobado en Microeconomía, Matemática Discreta o Patología Médica, qué queda.


La pecera no es un buen lugar.



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